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jueves, 24 de junio de 2010

Un curioso precedente

Las fuentes que inspiraron la serie de Debrigode-Visconti son múltiples y diversas; hoy presentamos una curiosa novela, Casanova, El galante aventurero; fue publicada dentro de la colección La novela semanal cinematográfica, con licencia de la casa Gaumont, a finales de los años 20. Como su nombre indicaba, la colección recogía versiones noveladas de éxitos cinematográficos del momento y reproducía fotografías de la película. En este caso concreto se trataba de la versión literaria de la película Casanova, dirigida en 1927 por Alexander Volkoff e interpretada por Ivan Mosjoukine, Suzanne Bianchetti y Diana Karenne y considerada una de las obras importantes del cine mudo europeo ¿Conocía Debrigode la novela o la película? Parece razonable que así fuese pues si la película gozó de versión literaria hemos de suponer que tuvo un éxito remarcable ¿Este Galante aventurero quedó en la memoria de nuestro autor durante veinte años y así bautizó su serie cuando la creó en 1949? Es sólo una hipótesis, pero parece razonable ¿El ambiente veneciano de la novela y de la película influyó en el hecho de que unos cuantos episodios de la serie se desarrollasen en este escenario (volúmenes XVI al XX)? Aunque la obra de Debrigode está ambientada en el siglo XV y Casanova es un héroe del XVIII, la recreación de góndolas, amores, carnavales y máscaras es pareja.

En todo caso es necesario indicar que la novela que presentamos ofrecía un “argumento elaborado por Irene Polo”. Irene Polo fue una importante periodista catalana de los años veinte y treinta de quien recientemente se ha editado el libro La fascinació del periodisme. Cròniques (1930-1936), donde se incluye una amplia selección de su obra periodística; el libro ha sido fruto del trabajo de las estudiosas Gloria Santa-Maria y Pilar Tur. Precisamente Gloria Santa-Maria nos regala un precisa ficha biográfica sobre tan singular mujer. Irene Polo trabajó para la productora Gaumont y, entre sus tareas, seguramente estaba el trabajo de elaborar novelas sobre las películas -como la que presentamos- así como colaborar en las traducciones; ¿la podemos considerar creadora del sintagma El galante aventurero? Si non è vero...

miércoles, 23 de junio de 2010

Otro galante aventurero

En nuestras búsquedas erráticas de libros de Pedro Víctor Debrigode, hemos encontrado este singular El galante aventurero. Editado en Madrid el tardío año de 1969, viene firmada por El caballero audaz; bajo este sonoro pseudónimo firmó una amplia obra José María Carretero Novillo (1888-1951), un autor del que se ha reivindicado su aportación en el campo del periodismo y que tuvo una intensa trayectoria como novelista. Con notable displicencia, algunas microbiografías nos lo presentan como “propagandista del bando nacional durante la guerra civil .que debió su popularidad a su narrativa, mezcla de erotismo burdo y de folletín sentimental (La bien pagada, 1920; Una cualquiera, 1923)”. Sea como fuere, y sin poder datar por ahora la fecha de primera publicación de la novela, podemos preguntarnos si el sintagma El galante aventurero, quizás creado por Carretero, pudo haber influido en Debrigode a la hora de nominar su serie.

Yo a los palacios subí...

Una de las más evidentes fuentes de El galante aventurero es el Don Juan Tenorio de José Zorrilla (1817-1893), obra escrita en 1844 que a lo largo del siglo XIX y del siglo XX gozó de extraordinaria popularidad consolidándose la tradición de representar dicho clásico en todos los teatros del país la festividad de Todos los Santos. El año 1949, año en que ve la luz nuestra serie, la popularidad de la obra de Zorrila no había disminuido un ápice y sin duda alguna los versos románticos eran conocidos por una gran mayoría de la población. Desde el mismo nombre de Luys -Luís Mejía es el antagonista de Don Juan Tenorio-, a la época del siglo XVI o a la caracterización galante del héroe -con su capacidad para enamorar a todas las damas pero su incapacidad para enamorarse de ninguna- debe mucho a la construcción que consolidó Zorrilla recogiendo una larga tradición que ya había sido desarrollada por Tirso de Molina en El convidado de piedra. No obstante ello, conviene recordar que toda la dimensión maligna del héroe presente en la forja del mito, desaparece por completo en la obra de Debrigode donde Luys Gallardo es presentado siempre como un héroe cuya misión en la vida es imponer el bien frente a cualquier injusticia.

Tras las huellas de Dumas

La huella de Alejandro Dumas (1802-1870) constituye una de las más evidentes influencias. No sólo por ser la obra de Debrigode una narración de espadachines de ambientación histórica -género que consolidó el autor francés con Los tres mosqueteros (1845) y toda la saga subsiguiente- sino por la presencia de otros interesantes rastros. Así, el título de una de las obras más singulares de Dumas, Los hermanos corsos (1845), siendo notablemente distinta de nuestra serie, es indudable que podría haber servido de subtítulo para los primeros diez volúmenes de El galante aventurero. También es pertinente señalar cómo determinados aspectos propios de Dumas como pueden ser la habilidad para combinar tramas distintas en una misma narración, la creación de personajes ricos en su aparente simplicidad, la habilidad para capturar la atención del espectador de entrega en entrega son rasgos presentes en un Debrigode que, de ascendencia francesa y específicamente corsa, seguro que había leído al autor de El conde de Montecristo (1844); una novela que, por otra parte, también podemos calificar, igual que El galante aventurero, de epopeya mediterránea.